ACTEAL: 19 AÑOS DE IMPUNIDAD

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Carlos Mendoza
Un primero de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) le declaró la guerra al Estado mexicano tomando cabeceras municipales del estado de Chiapas. La guerra abierta duró pocos días ante la presión de la sociedad nacional e internacional y para el 10 de enero se firma un pacto de no agresión entre el Estado mexicano y el grupo insurgente. Pocos meses después se inician los diálogos que buscaban llegar a un desenlace definitivo entre las partes enfrentadas, primero en San Miguel Ocosingo y en San Cristóbal de Las Casas en 1994 y posteriormente en San Andrés Larrainzar a partir de 1995, en este lugar se firmarán los Acuerdos de San Andrés el 16 de febrero de 1996, mismos que reconocen la autonomía de los pueblos indígenas y sus derechos. A la par de ello se dio un engrosamiento de las filas zapatistas en la zona y en el país por iniciativas políticas como la Convención Nacional Democrática y el Concejo Nacional Indígena (CNI). En este proceso la asociación civil Las Abejas participa activamente dentro de los cinturones de paz que buscaban proporcionar apoyo a la seguridad de la comandancia del EZLN así como al interior de las discusiones que proporcionaron propuestas para las mesas de diálogo.
Durante ese período (desde 1995), con Julio César Ruíz Ferro como gobernador del estado de Chiapas y Mario Renán Castillo como general jefe de la séptima región militar, se impulsa la creación de grupos paramilitares, entre los que destacan Paz y Justicia, Los chinchulines, Máscara Roja, Movimiento Indígena Revolucionario Antizapatista, y Alianza de San Bartolomé de los Llanos, mismos que continuamente acosan a los miembros de los distintos grupos políticos simpatizantes con el zapatismo. En este sentido, el gobierno alentaba o creaba artificialmente conflictos de tierra, políticos o religiosos para enfrentar a las comunidades y así justificar la intervención militar. Además, cooptaban o desmantelaban a las organizaciones opositoras a través de los programas sociales de salud, educación, vivienda y servicios públicos.

La ola de temor que desencadenó el continuo hostigamiento llevó al desplazamiento de alrededor de 9 mil a 11 mil personas en el área que tuvieron que ser reacomodadas en comunidades simpatizantes que sirvieron como campamentos de desplazados. Asimismo, el reacomodo poblacional masivo significó numerosas amenazas y la presencia de varios cuarteles militares a la entrada de las comunidades.
En esta lógica se efectúa el mayor crimen, el 22 de diciembre de 1997, donde un comando de 100 paramilitares ingresó al pueblo de Acteal, municipio de Chenalhó, Chiapas, para asesinar con armas de fuego a 45 indígenas tzotziles integrantes del grupo Las Abejas (18 mujeres adultas, cinco de ellas con embarazos; 7 hombres adultos; 16 mujeres menores de edad; 4 niños) que se encontraban orando en una ermita, además hirieron a 26 más, en su mayoría menores de edad, varios de ellos resultaron con lesiones permanentes.
Entre las respuestas del Estado se incrementó la militarización de la zona hasta en 5 mil efectivos y se efectuaron las renuncias del Secretario de Gobernación, Emilio Chuayfffet (3 de enero) y del gobernador del estado de Chiapas Julio Ruíz Fierro (7 de enero).
Obligado por la presión social el gobierno estatal y federal inició una investigación -que fuera más allá de su versión oficial de “disputas entre grupos locales”- que ha tenido bastantes irregularidades con detenidos que son liberados por falta de pruebas y nuevos prisioneros que después vuelven a ser exonerados. La Suprema Corte de Justicia de la Nación también incursionó en sancionar este crimen sin buenos resultados.
La matanza de Acteal y la impunidad en que se mantiene forman parte de una política conocida como terrorismo de Estado, es decir, la violencia sistemática y planificada por parte de los ricos y poderosos hacia los grupos organizados disidentes y hacia la población no movilizada, pues estas prácticas de lesa humanidad también funcionan para infundir miedo a todos y obligar a no levantar la voz ante las injusticias que vivimos todos los días.

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