¿Adiós al neoliberalismo? La salida del TTP y el abandono del TLCAN, pueden ser muestras de cambios profundos en la economía

Lucio Chávez

El programa económico del presidente electo Donald Trump, ha puesto en el paredón de los acusados lo que otrora fuera el santo grial de la política económica: el libre comercio.

La salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TTP), la posible cancelación del TLCAN y la intención de Trump de reindustrializar su país con el objeto de ampliar los niveles salariales y fortalecer el mercado interno, sugiere que las lógica de funcionamiento del  país insigne del capitalismo, hasta ahora bunker del ideario neoliberal, podrían cambiar drásticamente.

El neoliberalismo, como política de administración del capital, se instauro tras la crisis mundial que azoto las economías en la década de los 70. Sus principios y contenido fueron ratificados y canonizados por el Consenso de Washington en 1989, en los cuales se atacaba las políticas proteccionistas, los derechos laborales y el gasto público. Todo lo anterior con el objetivo de mantener controlada la inflación, incrementar la competitividad y reducir el déficit público de los gobiernos.

Aunque es mentira que el neoliberalismo se impuso por medios democráticos, basta recordar la salvaje dictadura militar de Augusto Pinochet que desoló Chile por 17 años o el violento programa anti laboral del tacherismo en Inglaterra; lo cierto es que para la década los 90, con la implosión de la Unión Soviética, se convirtió en el modelo hegemónico a escala planetaria.

El neoliberalismo básicamente consistió en crear un mercado mundial de fuerza de trabajo que presionara a la baja los niveles salariales en todas las regiones del planeta; se relocalizaron las industrias manufactureras, básicamente ubicándose en China, región del mundo que recibió los millones de dólares en Inversiones Extranjeras Directas (IED) sobre acumuladas en occidente; y se dirigió enormes cantidades de dinero a sistema financiero-ficticio, lo cual género en occidente una compulsiva desaceleración económica, reflejada en tasas de crecimiento mediocres, desindustrialización así como incremento desmedidas de tasas de desempleo.

En este sentido, es de destacar lo apuntado por el excandidato demócrata Bernie Sanders. La clase trabajadora blanca voto por Trump, porque en 30 años de neoliberalismo solo vieron reducir generacionalmente su bienestar, con bajos salarios, pocas oportunidades de mejorar y créditos impagables. En contraste, fueron testigos de cómo surgía una casta del uno por ciento de la población, vinculada fuertemente a Wall Street, amansando obscenas fortunas a costa del empobrecimiento generalizado.

Sumado a la desigualdad estructural, la crisis económica de 2007, creo profundos sentimientos antineoliberales, dieron gran fuerza al programa político enarbolado en las primarias por el demócrata; pero también es cierto que estos mismos sentimientos, sumado a otros contenidos ideológicos, se alojaban en los simpatizantes del magante inmobiliario.

Con la crisis del 2007-2008, no solo surgió un descontento con el neoliberalismo, también fue perturbada la lógica del funcionamiento del sistema económico.

El colapso financiero, tenía detrás de si la incapacidad de pago hipotecario de una clase trabajadora que vivía de ilusiones y crédito.  Al mismo tiempo, el colapso de la economía más grande mundo repercutió a escala planetaria.

De pronto, China ya no tenía a donde vender todo ese “cumulo de mercancías”. Y aunque optó por ampliar su consumo interno, creando una nueva clase media que pueda comprar lo que producen, lo cierto es que china encierra una contradicción.

La gallina de los huevos de oro de China reside en su masivo y pauperizado mercado laboral.  China se convirtió en el motor de la economía y polo de atracción de las inversiones del mundo por sus bajos salarios, logro crecimientos de sus PIB por encima de tasas del 10 por ciento, sin el mercado.

China no podrá absorber los flujos de mercancías E.U, pero si hiciera un esfuerzo por conseguirlo, y ampliara el poder de consumo de su mercado interno, que solo podría hacer incrementado el nivel general de los salarios, aun así, ambos casos, las IED se alejarían, la pregunta es ¿a dónde dirigirán los inversionistas su dinero? Tras la crisis del 2008, el sistema financiero no es la mejor opción.

El superconsumo del mercado de Norteamérica era la mancuerna que embona perfectamente con el papel manufacture y exportados de China.  El posible abandono de E.U. de paradigmas neoliberales, pone en jaque al orden económico del mundo ´

En México, es posible que este elemento obligue a la burguesía industrial, a poner los ojos en programas antineoliberales, que no es lo mismo que anticapitalistas o antiimperialistas. El mundo cambia rápidamente.

 

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