La revolución de 1910, reclamos de justicia traicionados

Lucio Chaves

Este 20 de noviembre se festeja una año más del inicio de la Revolución Mexicana. Con ello vuelve a la memoria de gran parte del pueblo mexicano los reclamos de justicia social que motivaron el levantamiento armando de cientos de miles de trabajadores del campo y las ciudades; pero también, la traición de los gobiernos a las exigencias sociales de las fuerzas revolucionarias.

Recordemos que el levantamiento armado del pueblo de México fue la consecuencia de décadas de derechos pisoteados, de despojo de las comunidades campesinas e indígenas, y de la explotación y esclavitud que padecían los trabajadores. John Kenneth Turner escribió en su libro México Bárbaro que para los años de 1908-1909 menos del 1% de las familias en México poseían cerca del 85% de las tierras cultivables; que el 80 por ciento de los trabajadores de las haciendas y plantaciones eran esclavos o estaban sujetos a las tierras por deudas con los hacendados, a ellos se les sumaba que el 20 por ciento restante vivían en “libertad”, pero en miserables condiciones sociales.

La esclavitud, el peonaje, la pobreza y la ignorancia del pueblo era producto, tanto del régimen de Porfirio Díaz como de las condiciones que imponían las corporaciones norteamericanas e inglesas a los trabajadores para garantizar sus enormes ganancias.

Empresas como Morgan Guggenheim, que tenía el dominio completo de la industria del metal, tanto de las minas como de su fundición; Standard Oil, que controlaba el 90 por ciento la producción y comercio de petróleo crudo; American Sugar Trust, que tenía el monopolio de la producción de azúcar; Souther Pacific Railroad Co., cuya propiedad ascendía al 75 por ciento de las líneas férreas de México; y American Cordage Trust, una rama de Standard Oil, que controlaba el 50 por ciento de las exportaciones del henequén, estas eran, según el autor de México Bárbaro, los grandes monopolios beneficiados con la tiranía de Porfirio Díaz.

De esta forma, la Revolución Mexicana fue resultado de la miseria de las masas empobrecidas, cuyas principales exigencias se plasmaron, a costa de ríos de sangre, en la constitución de 1917. El derecho a la educación pública y gratuita fue plasmado en el artículo 3ro constitucional; el derecho a la tierra para los campesinos fue incorporado en el artículo 27; y el derecho a buenas condiciones laborales y salarios dignos se incorporó en el artículo 123; estas fueron las grandes conquistas históricas del pueblo de México.

Sin embargo y pese a los altos costos en vidas humanas, el carácter social y popular de la Constitución fue violentado y mutilado sistemáticamente por los gobiernos pos-revolucionarios. Con el ascenso de la burguesía y la consolidación de las instituciones, fundamentalmente el de las fuerzas armadas, los derechos del pueblo poco a poco fueron relegado y olvidados por las instituciones.

Pero para ser justos, es importante señalar que la traición de la constitución del 1917 es el resultado de que la revolución Mexicana no fue un proceso homogéneo, ya que en su interior existieron grandes contradicciones y disputas entre los distintos proyectos de nación enarbolados por las distintas fracciones.

Al estallar la revolución de 1910, los primeros meses de combate se caracterizaron por la presencia de dos fuerzas políticas: el maderismo, con su consigna anti-reeleccionista; y el magonismo, con su programa liberal formulado en 1906 y cuyo contenido era muchos más avanzado y radical que el de Francisco I. Madero.

Las contradicciones no acabaron nunca, se desarrollaron conforme avanzo el proceso revolucionario: surgieron los carrancistas y obregonistas, cuyo programa representaba los intereses de la burguesía terrateniente; y por otro lado, surgió fuertemente el villismo y zapatismo, con un programa agrarista y popular; pero también se mantuvo vivo el fuego radical del magonismo, que nunca dejo de expandirse y madurar.

Al ser la Revolución Mexicana un proceso de confrontaciones entre las fuerzas revolucionarias, la traición de su contenido social, no expresa sino la derrota de las fuerzas más radicales.

 

Es por ello que la Revolución de 1910 evoca un símbolo de justicia histórica reclamada por un pueblo lastimado; simboliza una revolución traicionada por los gobiernos surgidos de la constitución del 1917; y sobre todo, representa las aspiraciones más nobles de un pueblo que pese a la esclavitud a la que eran condenados, soñaron y lucharon con convertirse en hombres y mujeres libres.

 

 

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