"Nos deportan pura chingada"

“La única forma que nos deporten es que nos dejemos. Nos deportan pura chingada, si no somos pendejos”, aseguró Antonino F. de 57 años, vecino inmigrante y hasta hace poco ilegal, de National City, California, para quien las promesas de campaña hechas por Donald Trump, dependen más que de las buenas (malas intenciones) del presidente electo de los Estados Unidos, de lo que las fuerzas políticas y económicas que se disputan en el país norteño.

Fiel al cliché construido por lo norteamericanos y sus productos culturales (cine, televisión, música, radio), Antonino se dedica al trabajo de jardinería. Sin embargo, de los 40 años que tienen en Estados Unidos de América, ha transitado por múltiples industrias y sectores productivos.

“Llegué a los Estados Unidos a los 17 años a trabajar en la pizca de hortalizas en Texas. Después de ahí me fui a California para trabajar también en los campos de cultivo, y ya me quedé aquí a chambear en todo lo que he podido”.

La deportación en Estados Unidos

Contrario al sentido común, que considera que la deportación depende del humor del presidente norteamericano en turno, autores como Fernando Saúl Alanís Enciso o Liliana Meza González han demostrado como los flujos migratorios responden a diversos factores, y que rara vez (por no decir nunca) son producto de las filias o fobias de una persona.

En un artículo titulado “Mexicanos deportados desde Estados Unidos: Análisis desde las cifras”, Liliana Meza González explica cómo las deportaciones coinciden con las grandes crisis económicas del país del norte.

“La historia de Estados Unidos está plagada de episodios de expulsión masiva de extranjeros, y éstos casi siempre coinciden con períodos de recesión económica, que naturalmente se combinan con posiciones xenofóbicas. Tal vez el suceso más representativo de este fenómeno es la deportación que ordenó el presidente Hoover durante y después de la Gran Recesión de 1929 para facilitar la inserción laboral de los trabajadores nativos. Otro evento de deportación masiva es el que tuvo lugar en 1954, cuando el presidente Eisenhower deportó más de 13 millones de mexicanos durante lo que se denominó Operación “Espalda Mojada”.

El texto, que se puede consultar en línea, pretende explicar las dinámicas dentro de los procesos migratorios y de deportación entre México y EE.UU., partiendo del supuesto de que, en la administración de Obama se ha deportado un número record de inmigrantes. Y es que, a pesar de no tener un discurso antimigrante, la administración demócrata de Barack Obama ha sido acusada de ser la que más migrantes ha deportado en 30 años.

De acuerdo a datos publicados por el Departamento de Seguridad Nacional, y recogidos por Jorge Cancino, entre los años fiscales 2009 y 2015, el número de deportados fue de 2 millones 571 mil 860. Durante los 10 primeros meses del año fiscal 2016, la Oficina de Inmigración y Aduanas contabilizó 196 mil 497. “La suma de ambas cantidades da como resultado 2 millones 768 mil 357”, dice Cancino en su texto publicado por Univisión (http://www.univision.com/noticias/deportaciones/obama-es-el-presidente-que-mas-ha-deportado-en-los-ultimos-30-anos).

El problema con Donald

El peligro de Trump no radica en la posibilidad que tenga de cumplir o no sus promesas, es el discurso de odio, segregación y violencia que acompaña las propuestas lo que puede (y ya ha comenzado) generar un clima en el que las familias de migrantes, provenientes de Asia, Latinoamérica y África, ven en riesgo su seguridad e incluso su vida.

Uno de los ejemplos más recientes, se dio en el partido Estados Unidos contra México, tres días después de que Trump ganara la presidencia, en donde aficionados norteamericanos, muchos de ellos de ascendencia latina, insultaron a los aficionados mexicanos.

“Estados Unidos te da comer”, gritaban las porras norteamericanas a los mexicanos después del partido en el que la selección tricolor saliera victoriosa.

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