Racismo, clasismo y machismo los triunfadores de la elección en Estados Unidos.

Las palabras sobran en la mente, pero los dedos se quedan petrificados en el teclado y dificultan que fluyan las palabras, quizá por el cansancio que produce la noche al desvelarnos, tan obscura como el resultado con el que amanecimos esta mañana y que desde la noche anterior nos inundaba la mente de preguntas sin respuestas.
Es cierto que Hillary Clinton, jamás fue la mejor opción, pese a que muchas plumas la veían así. Incluso no pocas personas cayendo en el otro extremo afirmaban que daba igual quien ganara puesto que ambos responden a los intereses de sus empresarios favoritos y que ganara quien ganara a nosotros no tenía por qué importarnos. Y por último los más informados, ponían en perspectiva y respondían la pregunta ¿Quién es peor? A lo que contestaban si nos preguntas a los mexicanos, no hay duda Donald Trump y si le preguntas a los países que han sufrido la mano dura de la Secretaria de Estado, ella, Hillary Clinton es la mala.
Pero el panorama político del país más poderoso del mundo, siempre va ser más complejo que este y otros reduccionismos que inundan las redes y los análisis baratos “únicos y especiales”. Claro que sí importa quien gane, claro que tiene que importarnos lo que pase a nuestro vecino país del norte. No podemos ser tan ciegos y cerrados y pensar que solo van a corresponder a sus intereses y que el mundo gire.
Las implicaciones culturales y regionales son muy graves. La victoria de Donald Trump, es el triunfo histórico de los Estados Unidos, es decir, la génesis histórica que acompaño el nacimiento de la nación del norte: El racismo.
Gano la esencia histórica de aquel país, el racismo, el clasismo, el machismo.
Es increíble que a pesar de las evidentes pruebas de misoginia de Trump, de las acusaciones de acoso sexual, a la población de los Estados Unidos no le haya importado y más aún haya respaldado su racismo, sexismo y clasismo en las urnas, un mensaje poderoso de que el racismo de Norteamérica, no solo nunca desapareció, sino que ahora es más fuerte que nunca. Ese muro mental es el que nos preocupa, más que el muro que ya existe y que van a reforzar.
¿Pero que sigue para México y América del Sur?
Para nuestro país, es claro que más allá de la posibilidad o imposibilidad de expulsar a todos nuestros compatriotas que, dicho sea de paso, ahora con la privatización del petróleo, se vuelven más fundamentales para nuestra economía diezmada. De esto se ha escrito mucho. En el caso de América Latina, son dos casos los más preocupantes, el primero es Cuba y el segundo caso Venezuela.
Hace poco hablábamos de que el mundo se había opuesto al bloqueo económico contra la isla caribeña y que por primera vez Estados Unidos e Israel no se pronunciaban a favor de mantener este criminal bloqueo. Bueno, de entrada, el futuro presidente de los Estados Unidos ha prometido revisar lo que ya casi se daba por un hecho, la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. De oponerse a regularizar las relaciones con Cuba y mantener el bloqueo, se perpetuará una de las injusticias más grandes de la historia.
Y aquí cabe destacar un aspecto importante, los latinos si definieron la elección, contrario a lo que se dice, ya que Florida, la ganaron los exiliados cubanos para Trump y la historia los recordara para siempre como uno de los principales actores en el triunfo de uno de los personajes que encarnan los peores vicios de la humanidad. Ellos los exiliados que tildan a los castros de los peores seres humanos, hoy fueron fundamentales para darle el triunfo a Donald Trump (así, sin adjetivos, el nombre ya los incluye todos, los peores por supuesto). Y todo México y América Latina, tiene que tener muy presente este hecho a la hora de buscar explicaciones al triunfo del racismo en los EUA.
En Venezuela, las cosas no pintan mejor, los especialistas ya vaticinan una actitud menos “pacifica” que Obama y se augura mayores presiones contra el gobierno venezolano y en general un intervencionismo más salvaje en la región, una intervención menos disfrazada que la que siguió Barack Obama.
El intervencionismo disfrazado dará paso al intervencionismo descarado que nos recuerda a los golpes de Estado en la región, el mundo aguarda, está a la espera porque Estados Unidos, despertó, el Mayflower zarpó y el mundo y particularmente Latinoamérica tiemblan por su desembarco.

#Opinión #EleccionesEstadosUnidos #Trump

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