La nota negra: “Pajarito[s]”, Veracruz

 

“¡HAY UN CHINGO DE MUERTOS, Y LOS ESTÁN AVENTANDO AL MAR COMO SI FUERAN PERROS! ”

Estimado lector, usted disculpará el lenguaje soez, y Esabemos que lo hará, porque como nosotros, seguramente también ya está hasta la madre del cinismo con el que actúan y se pavonean las autoridades en este país; de la prepotencia y hostilidad con la que los grandes empresarios y patrones tratan a los trabajadores y a sus familias; de la frescura y burla con la que los medios de comunicación mienten y encubren a los dos primeros; pero, sobre todo, porque como nosotros, es usted capaz de reconocer la impunidad que gobierna en México, impunidad que, en otras palabras, significa que los poderosos no se tocan, que las leyes, y la fuerza están para defender los intereses de los que más tienen, de los que tienen todo, menos sensibilidad y aprecio por la vida de los que generan toda la riqueza, de los que han construido todas las ciudades, de los que día a día bañan al país de vida, los trabajadores y trabajadoras de México. Somos los Obreros, Campesinos, y Empleados de todo tipo, los que hemos mantenido a generaciones y generaciones de banqueros, empresarios, patrones, y cuanto presidente, senador, diputado y alcalde se le ocurra. Cabrones sinvergüenza, y sin madre como recientemente han demostrado ser las autoridades de PEMEX, Los empresarios de MEXICHEM, y el Gobierno Federal, ante lo ocurrido en Clorados III del complejo petrolero “Pajarito[s]”. Y es que es de muy “poca madre”, maquillar de forma tan descarada, el número de muertos en la explosión, cuando aseguran familiares y trabajadores de ese y otros complejos cercanos, asciende a los 200. Teniendo en cuenta, que la hora de la explosión (3:15 pm.), corresponde más o menos con la hora de relevos y cambio de guardias. Familiares y vecinos, sobre todo de los desaparecidos, han estado denunciando sin mayor eco en las televisoras, pero con un poco más de alcance en las redes sociales, que vehículos de volteo del ejército, han estado sacando decenas de cuerpos del complejo, con la precisa tarea de desaparecerlos. Incluso se denuncia el vaciado de varios de estos retazos de hombres, en el “muelle 7” en costas ahora resguardadas por el ejército, propiedad de PEMEX. Se demostró por diversos testimonios de sobrevivientes y familiares de los trabajadores, que la fuga de cloro, y condiciones de las instalaciones se habían reportado desde días antes. La última, el mismo día de la explosión por la mañana. Incluso se alcanzaron a recoger testimonios, y ya uno no sabe si reírse o tirarse a llorar, de que el equipo “contra-incendios” a pesar de los continuos reportes, se encontraba sin agua. ¡Y carajo! Si ante tales condiciones, ante denuncias tan rabiosas, lo que más preocupa a Anaya, director de PEMEX; Duarte, Gobernador del Estado de Veracruz; y al dinosaúrico gabinete presidencial, es encubrir y proteger los intereses económicos de MEXICHEM, lo único que se demuestra a todas luces es la bestial y despiadada forma con la que los millonarios se libran de asumir la responsabilidad de arriesgar a los trabajadores, de pagar no solamente económicamente la indemnización de absolutamente todos los p e rj u d i c a d o s , s i n o p a g a r p e n a l m e n t e l a responsabilidad de mantener a ese nivel de riesgo a los trabajadores petroleros. Y, permítasenos decir entonces, eso no es un accidente. Es un claro menosprecio de la vida de los obreros. Claro es entonces, que la lección que debemos extraer todos o la gran mayoría de los trabajadores asalariados de México, sea cual sea nuestro centro de trabajo y sea cual sea también el nivel de riesgo al que estamos expuestos, es: que la reforma laboral, aprobada por los mismos cabrones que han permitido que extranjeros realicen el mayor saqueo en la historia mundial de metales, minerales y en este caso petróleo, está diseñada para que los patrones-dueños-empresarios, se libren de las responsabilidades de brindar Seguridad Social, junto con el gobierno, con la misma facilidad con la que despiden a 10, a 50, o 100 trabajadores de un tajo de una tienda departamental, de una fábrica, sin liquidación, por renuncia en blanco. O lo mismo les permite arrancarte el último aliento por una miseria, como quitarle la pensión, fruto de toda una vida de trabajo, a miles de adultos mayores, y como les va a pasar además a todas las próximas generaciones de jóvenes. Lo mismo les cuesta desechar cuerpos como levantarle la falda a su empleada. Les importa lo mismo la vida del trabajador, que un kilo de huevo, dos de tortillas, un litro de leche y una coca con la que nos cierran el pico. La explosión en el complejo petroquímico “Pajarito[s]” en CoaWacoalcos, es una muestra del precipicio al que se dirigen todos los trabajadores asalariados del país. Dicen los trabajadores petroleros que imaginan que cuando respiran el gas de la fuga y “revienta esa madre”, el fuego sigue el mismo camino “por el cogote y a los pulmones”. Al menos así imaginan que les pasa a los que se “desintegran”. Ya vamos respirando así el “no alcanza”, el “ya no hay”, el “falta un chingo pa´la quincena”, el “debemos hasta las nal…”. Y así están de indefensas las economías familiares, así como están de jodidas las condiciones en las que viven los nuestros. Nos llevan al matadero señores, pero no nos matarán, porque somos millones. ¡ O r g a n í z a t e y l u c h a !

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*