Silvano y las alianzas (in)cómodas

silvano_peña-450x300El arreglo viene desde Los Pinos. Es un secreto a voces que hasta Loret de Mola, uno de los muchos voceros oficiales, ha hecho público. Al estilo de la vieja escuela, donde los candidatos se pueden tomar fotos con quien sea en afán de ganar las elecciones y luego neg  ar relaciones incomodas y olvidar fotos y levantamientos de manos, Silvano ha hecho lo suyo, en su álbum de recuerdos de campaña para ser gobernador hay fotos con Fausto, Peña Nieto, Jara, Cuauhtémoc Cárdenas,  Leonel Godoy y otras celebridades de las revistas del corazón. No solo han sido fotos, ha salido a defender públicamente a Peña Nieto en asuntos como las casas o a Jara y su reiterada incapacidad como funcionario público. Esta aparente incongruencia en la forma de actuar, de un partido que se presume de oposición, no es casual. Es una correspondencia entre Los Pinos y aquel que ya presume ser el próximo gobernador de Michoacán. Los compromisos van en tal magnitud que no solo tendremos un gobernador servil a Los Pinos sino un auténtico aliado del régimen PRI’sta actual. Es más, al estilo de Madrazo, también ha hecho trampa en las competencias de atletismo. Sin embargo, aunque esto es una serie de señalamientos superficiales que nos llevan a la conclusión de que todos son lo mismo, habría que escarbar un poco más para ver los trasfondos.

Hablar de un PRD de izquierda es un asunto rebasado. Desde hace años es un partido electorero que vive del clientelismo. Que igual otorga despensas, mantiene a grupos cooptados bajo la bandera de la gestión y absorbe como candidatos a políticos de otros partidos sin problema de congruencia ideológica. No hay diferencia con el PRI en la práctica, por eso Silvano no tiene empacho en asumir como propias las políticas de Peña. Esto ha quedado patente en la actuación de Aureoles ante las reformas energética, educativa y laboral, las cuales votó y apoyó sin problema.th_352fe25daf686bdb4edca223c921acea_3a70b4dbec04ca5279b0fa4e2a8ca951,pe

Sin embargo, las historias de Silvano Aureoles no son nuevas. Respecto a su trabajo como alcalde de Zitácuaro, el Congreso del Estado detectó observaciones por el orden de 51 millones de pesos 81 mil 246 pesos con 28 centavos durante el año 2002.  Lo que queda en la memoria de los habitantes de Zitácuaro es que Silvano firmó ante Notario Público que cumpliría su mandato los tres años de gobierno. No lo cumplió, bajo las reglas del imperio del chapulín brincó a la SEDAGRO.

Silvano Aureoles dejó en Zitácuaro en medio de una mancha de corrupción, mal gobierno y de promesas incumplidas. En sus épocas al frente de la Secretaria de Desarrollo Agropecuario, cuando por primera vez se presentó como precandidato al gobierno del Estado, ya era todo un capo en eso del trinquete como servidor público. Organizaba giras de trabajo siendo secretario de la SEDAGRO para repartir toneladas de cemento y fertilizante a cambio de votos y cooptar grupos de campesinos con fines electoreros. Durante su gestión Silvano recibía alrededor de 420 mil pesos mensuales por concepto de asesores, que para no variar eran sus amigos. Algunos de ellos, desde aquellos ayeres, gente del PRI.

En su último intento de llegar a la gubernatura del estado de Michoacán,  el PT en un principio se negó a aceptarlo como su candidato ya que dicho personaje no era considerado un digno representante. El problema se terminó cuando AMLO, de gira por Uruapan, le levantó la mano y lo apuntaló como su candidato en Michoacán. El PT tuvo que agachar la cabeza y aceptarlo. Pesé a todo el expediente negro que ya tenía acumulado, muchos perredistas, hoy en MORENA, lo vendieron como el candidato de la izquierda. Igual que hoy hacen con María de la Luz Núñez, como sí el ser de izquierda fuera solo un membrete o una linda camiseta.

No hay forma de llamar traidor a aquel que es corrupto y servil de origen. En todo caso, hay que acusar de ingenuos a los que han aceptado el discurso y de cómplices a aquellos que, a sabiendas de los reptiles parasitarios que promueven, se aferran a llevarlos al poder como “únicas opciones” o de plano se someten bajo idea de “prefiero a estos” o “son el menos peor” o incluso aquellos que terminan por aceptar los santos designios del “líder moral”. No puede haber un liderazgo moral sin que exista una moral de por medio y eso no se logra levantando manos en nombre de la estrategia.

Silvano es un caso más de la simulación de la democracia electorera burguesa, donde se le pone moño de izquierda a las propuestas de derecha y  se asume la simulación de la elección como el único ejercicio democrático en el cual participa la población.

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