Alto al fuego en Siria, otra derrota para Estados Unidos.

Lucio Chavez
Tras el anuncio del cese de las hostilidades en Siria, dado a conocer este jueves, existe la esperanza de que esto sea el primer paso para la restauración permanente de la paz en el país árabe. Anqué no es la primera vez que se anuncia un acuerdo de esta magnitud, pues el 12 de septiembre Estados Unidos y Rusia habían firmado un acuerdo para detener la guerra. Pese a ello, dicho acuerdo fue violentado por los Washington ocho días después al bombardear posiciones del Ejército Sirio.
El nuevo acuerdo toma relevancia pues incluye a dos potencias regiones, como lo son Turquía e Irán, y a una potencia mundial, Rusia. Situación que otorga fuertes expectativas y certidumbre de su cumplimiento.
Sin embargo, la paz en siria, que bien podría ser un gran éxito para la humanidad, en el sentido histórico de la palabra, para los intereses imperialistas de Estados Unidos es una segunda gran derrota en el tablero de la geopolítica mundial.
El acuerdo de “alto al fuego” se logra después de que las fuerzas del ejército sirias junto al apoyo militar de Rusia, las milicias chiitas iraníes y de grupo libanes Hezbollah, recuperaran el control de la ciudad de Alepo, que desde junio del 2012 se encontraba bajo el control de ISIS.
La recuperación de Alepo por las fuerzas de All Assad y sus aliados, fue el preludio para el acuerdo de paz firmado en Moscú, en el que participan Rusia, Irán y Turquía, reunión que, no sobra decirlo, no fue invitado Estados Unidos.
Si bien es cierto que existe grande preocupación con respecto a este cese al fuego, pues el ministro sirio de Asuntos Exteriores, Walid al-Moalem ha señalado que, por un lado, el gobierno sirio no confía en las intenciones del presidente Turco, Recep Tayyip Erdoggan, ya que se ha señalado como uno de los auspiciadores del ISIS; y por otro, que la tregua excluye a los grupos terroristas EIIL (Daesh, en árabe) y Frente Al-Nusra (autoproclamado Fath Al-Sham) ambos financiados por Estados Unidos y las petromonarquías árabes, también es cierto que el apoyo de Rusia e Irán, garantiza que la balanza se incline para favorecer al régimen de Bashar All Assad.
La reunión del 20 de noviembre en Moscú no es la única negociación donde se define la influencia geopolítica de las potencias mundiales en las regiones a la que no ha estado invitado Washington. El 5 de septiembre de 2014, Rusia, Ucrania, Alemania y Francia se reunieron en la Cumbre de Minsk para proponer un acuerdo de paz para el conflicto que azotaba Ucrania desde el 2011. En ello se reconoce la autonomía de las repúblicas populares de la región del Donbass y Lungask, además de pactar extraoficialmente, pese a la molestia de Kiev y Washigton, la adhesión de Crimea a Rusia.
La cumbre de Minsk, permitió reforzar la importancia de Moscú en Europa Oriental y realizar acuerdos con dos de las tres principales potencias europeas, pese a las sanciones económicas y diplomáticas que el presidente Barak Obama impuso contra Rusia.
La ausencia de Washington en los acuerdos de la Cumbre Minks y de la reunión de Moscú, en los cuales se establece las condiciones para la paz en Ucrania y Siria, no solo demuestra el deterioro de la influencia norteamericana en las regiones de Europa Oriental y Medio Oriente, sino sobre todo demuestra que hasta ahora ha sido derrotado militar y políticamente en esas batallas.

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