Ratificación de Trump y asesinato de embajador ruso, malas noticias para la diplomacia mundial.

Lucio Chávez
La ratificación de Donald Trump por el colegio electoral de Estados Unidos, descarta cualquier posibilidad legal de que el magnate inmobiliario asuma la presidente del imperio norteamericano. La preocupación de muchos no solo es por las negativas expectativas económicas, políticas y humanitarias que puede ocasionar su programa antinmigrante basado en profundos sentimientos xenófobos y racistas, también porque su política exterior pueda desembocar en un conflicto bélico contra China e Irán.
Las declaraciones anti chinas y anti islámicas de Trump, su posible acercamiento al régimen de Taiwán, en claro desafío a la política de “Una sola China” pactada con Beijing, y el apoyo abierto a la política anti-Irán del estado sionista de Israel, podrían poner a la humanidad al borde una catástrofe nuclear.
Por otro lado, el asesinato del embajador ruso en Turquía, Andréi Kárlov, no solo podría entorpecer los avances para la paz en Siria, sino que abre la posibilidad de agudizar los conflictos entre Ankara y Moscú, que desde hace años se disputan geopolíticamente la influencia en la región.
Las relaciones entre Rusia y Turquía llegaron a su punto más hostil, cuando en noviembre de 2015, Turquía derribo el avión ruso Su-24, en la frontera con Siria, lo que motivó a Rusia a desplegar la barrera anti misiles para apoyar las operaciones de su fuerza aérea que apoyan a al ejercito comandado por Bashar All Assad. La confrontación derivó en la imposición de sanciones económicas y tras la disculpa del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, una endeble restauración de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Si bien es cierto que Ankara ha responsabilizado al clérigo Fethullah Gülen, exiliado en Estados Unidos, lo cierto es que Erdogan juega a dos manos, no rompe con occidente ni se pliega definitivamente a Oriente. Rusia difícilmente se quedara con las manos cruzados ante el asesinato de uno de sus diplomáticos, pues lo contrario daría muestra de impotencia y debilidad, situación que no caracteriza a Vladimir Putin.
Ambos casos suponen un deterioro de la certidumbre diplomática y con ello la posibilidad de elevar el tono de los conflictos geopolíticos, que si bien se disputan en diferentes frentes y territorios, en ambos casos son la expresión de la decadencia de la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados y el ascenso de la influencia política y economía de Rusia-China.

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