Subir tasas de interés, no garantiza estabilidad ni mejoras para la economía mexicana.

Lucio Chavez

Derivado de los efectos económicos generados por el virtual triunfo de Donald Trump, el pasado jueves, el Banco de México (BM) anunció un incremento de 50 puntos en la tasa de interés, con lo cual la referencia pasó de 4.75 por ciento a 5.25 por ciento.
El incremento de la tasa de interés tiene varios objetivos. Entre los que se encuentran, en primer lugar, motivar a los inversionistas a mantener o traer el dinero al país, pues la garantía de obtener mayores rendimientos del dinero prestado o ahorrado evitaría una posible fuga masiva de capitales del sistema financiero.
En segundo lugar, el BM pretende evitar que la salida de capitales se convierta en una demanda masiva de dólares, lo que depreciaría aún más al ya de por si golpeado peso mexicano. El incremento en la demanda de dólares, implicaría que los inversionistas redoblarían sus apuestas por una devaluación de moneda mexicana frente al dólar.
Tercero, el incremento de la tasa de interés busca evitar que la “exceso” de liquides, generé aumentos generalizado en los precios y con ello, que la inflación se eleve a niveles excesivos. Esto debido a que, en teoría, una tasa de interés atractiva desincentiva la inversión y el consumo, promueve el ahorro y con ello, disminuye la demanda agregada.
Al ser la tasa de interés del Banco de México referencia  para la banca comercial del país, el incremento en la tasa  impactará en el costo de tarjetas de crédito, préstamos o al consumo a corto y largo plazo.
Sin embargo, el incremento de la tasa de interés traerá varias consecuencias negativas extras. El primero de ellos, es que desincentivar el consumo y la inversión impedirá que la economía mexicana crezca lo suficiente para general niveles superiores de ocupación y empleo, lo cual se torna preocupante, debido a que a los altos niveles de desempleo y ocupación informal –desempleados disfrazados- se le suma la expectativa de una posible deportación masiva de migrantes mexicanos.
Además, esta situación agudizaría las pocas  proyecciones de crecimiento. Si se considera que el presupuesto del gobierno federal contempla reducir el gasto, la reducción de la inversión contraería aún más el crecimiento económico, reduciría la expectativa de crecimiento del mercado interno, y con ello, desalentaría la inversión productiva.
El incremento del costo de la deuda, afectará tanto a pequeños consumidores, como al índice de deuda pública de los gobiernos estatales y federal, por lo que se espera que el peso de la deuda pública sobre las arcas se incremente aún más.
Es importante señalar que en lo que va del 2016, la tasa de interés se ha incrementado en 200 puntos, pues a inicios de año se ubicaba en 3.25 por ciento, sin embargo, pese a su estrepitoso incremento, no se ha parado ni la depreciación del peso frente al dólar, ni el incremento de la inflación. Ejemplo de ello, es que tan solo con el anuncio del triunfo de magnate en las presidenciales de Estados Unidos, el peso se deprecio en un 11 por ciento.
En lo que concierne al índice de inflación, este ha incrementado debido a que gran cantidad de mercancía que consumimos en el país son importadas, desde el maíz, arroz, leche, manufacturas, tecnologías, etc.
Los tsunamis provocados por el triunfo de Trump, no demuestran sino la condición endeble y dependiente de la economía nacional, que en lo últimos 30 años ha funcionado bajo los principios del desastroso neoliberalismo.

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