Victoria de Trump en Estados Unidos podría reestablecer relaciones entre Moscú y Washington.

Lucio Chávez
El pasado lunes, el mandatario ruso, Vladimir Putin, se comunicó vía telefónica con el presidente electo de los Estados Unidos (EU) Donald Trump, para felicitarlo por su triunfo en las elecciones del 8 de noviembre.
Además, Vladimir Putin le expresó al magnate sus deseos de “mantener un diálogo constructivo entre Rusia y EU”, informó el portal RT. Por su parte, D. Trump, dijo “estar ansioso por mantener una relación fuerte y duradera con Rusia y su pueblo”.
La llamada telefónica se realizó cinco días después de que el mandatario ruso señalara públicamente que la victoria de Trump, representa una posibilidad para normalizar las relaciones entre ambas naciones. “Rusia está lista para restaurar las relaciones con EE.UU.”, expresó Putin, un día después de las elecciones norteamericanas.
Es importante recordar que el magnate inmobiliario y futuro presidente de Estados Unidos, desde que se encontraba en campaña, expresó abiertamente su reconocimiento al papel que el Kremlin ha desempeñado en el combate a la expansión del Estado Islámico, declaraciones que contrastan con las críticas y acusaciones lanzadas hacia Hillary Clinton y Barack Obama, por su papel en el financiamiento y apoyo a los grupos extremistas que actúan en Siria.
El dialogo entre Trump y Putin, se desarrolla luego de un periodo de dos años de confrontaciones y asperezas diplomáticas entre Washington y Moscú, sobre todo en lo concerniente a los conflictos en Ucrania y Siria.
Recordemos que los desacuerdos entre las dos potencias nucleares llegaron a su punto más álgido tras el golpe de estado contra el gobierno de Ucrania, apoyado por EU, luego del cual, en marzo de 2014, Rusia anexionó a su territorio la península de Crimea, situación que motivo a Washington a tomar sancionas económicamente contra el país euroasiático.
Después de los acontecimientos de Crimea las hostilidades diplomáticas entre el Kremlin y la Casa Blanca no han cesado. La intervención militar de Moscú en la guerra en Siria, desde noviembre de 2015, con la finalidad respaldar el gobierno de Bashar Al Assad, y las denuncias realizadas por Putin en la cumbre del G-20, en las que señala que países occidentales han financiado al Estado Islámico, desembocó en una guerra de posiciones entre las fuerzas lideradas por ambas naciones.
La confrontación entre EU y Rusia desemboco, en mayo y junio pasados, en que la Organización del Atlántico Norte (OTAN) realizara maniobras militares en la región de Europa Oriental y el Mar Báltico, ambos linderos de las fronteras rusas. Por su parte, y en respuesta, Rusia ha desplegado misiles nucleares en Kaliningrado, su provincia más occidental, con la finalidad de “desalentar” una posible acción militar contra su territorio.
La agudización del conflicto entre Washington y Moscú, escaló un peldaño más, cuando el ejército norteamericano violó el pacto que pondría fin a las hostilidades entre ambas naciones en Siria. Situación que motivó a Moscú a continuar con sus acciones militares en el país árabe.

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